El fútbol por supuesto no escapa a esta tendencia "normativa", en donde por lo general la regla de sumar dos mas dos pareciese que siempre puede dar cuatro. Aunque, para ser sincero, no es la materia futbolística precisamente la que posee la mas grande moral para hablar de eso. De hecho, si lo apuran a uno, se podría incluso llegar a afirmar, sin ningun tipo de sonrojo, que nuestro querido deporte constituye una de las parcelas de la vida en donde se asiste mas frecuentemente al rompimiento del canon, a la contravencion de esa regla de vida que dicta que si agregas dos manzanas a las otras dos, siempre saldrás del mercado con cuatro de ellas.
No obstante, nada de esa contravención ni mucho menos fue lo observado hoy en el hermoso Estadio Nacional de Varsovia, en el encuentro que por los cuartos de final de la Eurocopa 2012 sostuvieron los seleccionados de Portugal y República Checa. Hoy, lusitanos y checos decidieron brindarnos una danza sagrada de noventa minutos totalmente apegados al canon futbolístico.
Y miren que el inicio de este partido prometía exactamente todo lo contrario. De manera por demás irreverente y en clara contradicción con la regla que estipula que el equipo "en teoría" más débil sale a esconderse en su propia área desde el primer minuto, los checos comenzaron llenando la totalidad de los espacios a los sorprendidos portugueses, quienes no atinaban a encontrar el balón por ningún lado. Los guerreros rojos venidos desde la tierra de Bohemia y Moravia se abalanzaron sin ningún tipo de complejos sobre el arco defendido por Rui Patricio.
Y es que los herederos de Panenka, Podorsky, Nevded y compañía parecían haber salido insuflados de ese polvo de jerarquía que innegablemente tiene el fútbol de por aquellos lados, dos veces subcampeón del mundo y una vez campeón de Europa, para de esta forma, espetarle en la cara a esos arrogantes portugueses que el trámite del partido iba a resultar de todo, menos fácil para los herederos del gran Eusebio.
Bajo esta premisa se manejaron los primeros veinte minutos del partido, con una República Checa ocupando inteligentemente los espacios, sobre todo por su banda derecha, y una Portugal algo desconcertada que no atinaba a controlar medianamente ni el balón ni mucho menos el juego. La presencia en algún momento de Ronaldo buscando pelotas en zona defensiva era la perfecta muestra de que, por lo menos hasta esa etapa del partido, lo dictaminado por el canon no se estaba cumpliendo: el equipo "débil" estaba siendo un equipo mucho más frontal de lo que se tenía que esperar.
Sin embargo, la ilusión, porque eso fue al final el equipo checo, duró no más veinte minutos. Poco a poco, la implacable lógica fue haciéndose cada vez más visible en el césped de Varsovia. De manera imperceptible pero cada vez más cierta, Ronaldo comenzó a encontrar espacios para su carrera mortal, mientras Nani se familiarizaba con esa banda derecha que al principio parecía no querer nada con el habilidoso jugador del Manchester United. Moutinho y Meireles comenzaron a atraer más a la caprichosa pelota a sus pies y todo eso significó, sencillamente, que las huestes de Bohemia y Moravia estaban en graves problemas.
Porque darle el balón a un equipo como Portugal significa exactamente eso: estar en problemas, y serios además. Cada vez más el equipo de Bento fue empujando a los checos contra su propio arco, donde el extraordinario Cech se encargaba de demostrar en cada lance por que es el mejor del mundo. Y cuando no era el capitán checo el que contrariaba la lógica y el canon, eran los postes los que se negaban a darle la razón a aquellos. De esta forma, se llegó al final de los primeros 45 minutos con un empate sin goles en el marcador.
El segundo tiempo fue la comprobación fehaciente de que, por lo menos en este partido, la lógica no estaba dispuesta a aceptar ningún tipo de sorpresas, de esas que abundan en estos rectángulos de pasión y vida. Un Portugal ya dueña y señora del balón y del juego, cocinaba a fuego lento el desenlace del mismo.Balones iban y venían sobre el área checa, balones que, con el transcurso de los minutos, costaba despejar cada vez más a la atribulada zaga roja. Ya entonces hacía tiempo que los habilidosos Jiracek y Pilar habían desaparecido del juego, ahogados por la contundencia y el ocupamiento total de los espacios por parte del seleccionado lusitano. República Checa no tenía ningún tipo de salida. Baros naufragaba de manera dramática entre esas dos islas hostiles que conformaban Pepe y Bruno Alves.
Y finalmente, pasó lo que tenía que pasar, cuando el canon y la lógica no pretenden dar cuartel a ninguna situación que ellos no hayan previsto. Y para dejarlo más claro todavía, la puñalada definitiva asestada al valiente pero limitado equipo checo derivó de una jugada de esas llamadas "del librito": Moutinho que gana uno de los tantos balones que se cansó de ganar hoy, carrera desesperada por su banda derecha y centro "perfecto" al corazón del área checa, tal como dictan los canones para este tipo de jugada. Almeida, que había sustituido a Postiga como punta de lanza del ataque portugués, arrastra la marca de los dos centrales checos, tal como se enseña desde hace siglos a los delanteros, y Ronaldo que aparece como una tromba a las espaldas de aquellos para, de un certero remate de cabeza, hacia abajo y esquinado- como dictan los canones- hacer inútil la estirada de Cech y de esta forma, poner el grito de gol en las gargantas de casi once millones de portugueses.
El resto de la historia ya era puro trámite, como sucede cuando las reglas y normas no dan chance a ninguna sorpresa. El tiempo se consumió finalmente, y el mejor equipo de la cancha salió con los brazos en alto. Hoy no hubo espacio para romper paradigmas ni tendencias. Hoy el fútbol no quiso ser caprichoso como otras tantas veces, y no llevó la novela entre checos y portugueses hacia un final imprevisible. Hoy dos más dos dieron como resultado un certero cuatro en el nublado cielo de Varsovia. Hoy sencillamente, tal como lo establecen los canones, tanto del fútbol como de la vida, ganó el que,de lejos, hizo mejor las cosas.
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